Abril de 2017

Dieta Mediterránea, Saludable y ¿Sostenible?

 

 

Por muchos es alabado el patrón de dieta tipo mediterráneo  como una propuesta íntimamente ligada a nuestra cultura que, además, cumple con todos los requisitos para ser catalogada como saludable.   Pero ¿qué papel desempeña sobre el medio ambiente?.  

La agricultura moderna ha incrementado notablemente la producción de alimentos pero, a costa de aumentar los costes energéticos de “fabricación”,  de los productos de deshecho y de la contaminación ambiental. En el caso de la ganadería los costes ambientales se multiplican exponencialmente. Por ejemplo,  para  producir 1 kg de proteína procedente de legumbres son  necesarios aproximadamente  dieciocho veces menos tierra, diez veces menos agua, nueve veces menos combustibles fósiles, doce veces menos fertilizantes y diez veces menos pesticidas en comparación con la producción de 1 kg de proteína de carne de vacuno. La  generación  de 1 kg  de proteínas procedente de pollo o huevos,  respecto a las legumbres,  aumenta  mucho menos el consumo de estos recursos (por abreviar,  los multiplicaría solo por 2);  además,  la carne de vacuno  generaría  entre cinco y  seis veces más residuos  en comparación con la de pollo.

 

Por ello,  las  dietas “basadas en el consumo  preferente de vegetales” como es el caso de la Mediterránea tradicional, en comparación con las dietas ricas en productos de origen animal,  serían no solo más saludables, si no también,  más sostenibles.

 

Las  autoridades deberían promover políticas en favor de la adopción de este tipo de dietas  por que optimizarían  al mismo tiempo,  el suministro de alimentos, la salud individual y global  y el respeto por el planeta.  

 

Nuestra forma de vida actual nos empuja hacia el extremo opuesto dificultando la modificación de los hábitos;  no  obstante, podemos  realizar gestos  que, al repetirse diariamente, pueden ayudar a conseguir los objetivos;  por ejemplo:

 

1.- Consumir alimentos preferentemente de origen vegetal  (y, mejor,  producidos con técnicas de agricultura sostenible).

 

2-  Estos alimentos deberían, en su mayor parte, proceder de la zona y ser estacionales (ej. frutas y verduras  de temporada evitando alimentos que requieran transportes desde lugares muy  lejanos,  que incrementan notablemente el consumo de energía).

 

3-  Reducir  los productos envasados y procesados (ej. Aumentar las compras en mercados)  lo que reduciría los desperdicios generados;   4.-  La carne consumida,  que sea preferentemente,  de fuentes más sostenibles (por ejemplo, pollo).

 

Sin caer en la intransigencia (léase “preferentemente”), si elige la dieta mediterránea  ganará en  salud y  protegerá el medio ambiente.

 

Gabriel Olveira Fuster

@golveirafuster
UGC de Endocrinología y Nutrición 
Hospital Regional Universitario de Málaga
IBIMA Instituto de Investigación Biomédica de Málaga

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