Octubre 2017

Las bebidas energéticas y sus riesgos

Aunque la primera bebida energética se comercializó en Japón en los años 60, fue a partir de 1987 cuando comenzó su expansión por Europa. Desde entonces el mercado no ha dejado de crecer tanto a nivel mundial, europeo como español. Estudios realizados en 2014 apuntaban un crecimiento de las ventas a nivel mundial del 10% anual, pero la realidad supera las expectativas, ya que tan sólo en el Reino Unido, las ventas de estas bebidas aumentaron un 155% enttre 2006 y 2014. Además han aparecido multitud de nuevas marcas y presentaciones. 

Si bien no existe una definición universal para este tipo de bebidas, nos referimos a bebidas no alcohólicas, que contienen cafeína (su componente esencial), junto con otras sustancias como taurina, vitaminas, azúcares y otros compuestos como ginseng, glucuronolactona, guaraná, etc.

 

Se venden con la intención de estimular y eliminar, o al menos reducir, la sensación de agotamiento. Los beneficios y los riesgos asociados a estas bebidas están relacionados principalmente por su contenido en cafeína. Aunque las hay con dosis muy elevadas, una lata típica suele contener la misma cafeína que un café. En la literatura médica se describen casos de pacientes con problemas cardíacos graves, convulsiones e incluso muertes relacionados con la ingesta abusiva de estas bebidas. En cualquier caso, incluso a dosis bajas, la toma en personas sanas, aumenta la tensión arterial y la adrenalina y, por su contenido en cafeína, no se recomienda su consumo ni en niños, ni en mujeres embarazadas o lactantes.

 

Los fabricantes centran sus campañas publicitarias en el segmento de los adolescentes y adultos jóvenes con mensajes que asocian vivir el momento, sentir, llegar al límite, no cansarse, disfrutar a tope… 

 

No es de extrañar que se hayan convertido en un acompañante más en las fiestas y, con relativa frecuencia , se consuman asociadas a otros hábitos poco saludables como beber (mucho) alcohol (el 70% de los adultos jóvenes reconocen mezclar las bebidas energéticas con alcohol), fumar o tomar otras sustancias. La mezcla con el alcohol a dosis elevadas reduce la sensación subjetiva de embriaguez, aunque objetivamente sí se disminuyen las facultades de coordinación, por lo que se generan comportamientos de riesgo (accidentes de tráfico, etc).

 

Según una investigación publicada en el año 2016, dos de cada diez menores consumen dos litros de estas bebidas al mes, el 68% de los adolescentes las toman casi a diario y la mitad de ellos la mezclan con alcohol.

 

En algunos países europeos como Francia, Noruega y Dinamarca está prohibida la venta indiscriminada de bebidas energizantes al público, pudiendo encontrarse únicamente en farmacias. En Argentina y Uruguay está limitado por ley el contenido de cafeína y taurina. 

 

Y en España, ¿consideráis que es necesario que las autoridades sanitarias tomen las medidas oportunas para regular su consumo?

 

Gabriel Olveira Fuster
@golveirafuster
UGC de Endocrinología y Nutrición 
Hospital Regional Universitario de Málaga
IBIMA Instituto de Investigación Biomédica de Málaga

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