Septiembre 2017

El Mejor Residuo es el que No se Genera

 

Existen estimaciones de que un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia cada año, y de que esta cantidad permitiría alimentar a 2.000 millones de personas. El desperdicio alimentario es una oportunidad desaprovechada para alimentar a la población mundial y para combatir el hambre y mejorar el nivel de nutrición de poblaciones más desfavorecidas.

Sin embargo, sin olvidar las consideraciones éticas, el desperdicio de alimentos plantea un impacto ambiental en términos de cantidad de recursos naturales finitos, como agua, tierra y recursos marinos utilizados en la producción de estos alimentos no consumidos.

 

Los alimentos pasan por diferentes etapas desde el campo, la granja o el mar hasta que finalmente llegan al consumidor, produciéndose una reducción de la parte comestible de los mismos, aunque no siempre se puede considerar esta disminución como un desperdicio de alimentos.

 

El desperdicio alimentario se puede definir como el conjunto de alimentos o bebidas, que siendo aptos para el consumo humano, terminan por no ser consumidos. Por lo que también se consideraría un alimento desperdiciado aquél que el consumidor ha olvidado que tenía en su despensa o nevera y que cuando se da cuenta, ya no está en condiciones de ser consumido, terminando en la basura. La Unión Europea estima que el hogar es responsable de un 42% de la comida que acaba en la basura.

 

Con estos datos, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, puso en marcha a principios de 2013 la estrategia “Más Alimento, menos desperdicio”, que tenía como objetivo fundamental prevenir el desperdicio de alimentos propiciando un cambio real de actitudes y procedimientos de trabajo, reduciendo las presiones ambientales y contribuyendo a un modelo de producción y consumo más sostenible.

 

También la comunidad científica cada vez está más implicadas en trabajar en temas  relacionados con la alimentación y la sostenibilidad. En este sentido, en el marco del Encuentro de Expertos 2016. Alimentación, nutrición comunitaria y sostenibilidad celebrado en Gran Canarias, se redactó La Declaración de Gran Canaria: Decálogo para una alimentación sostenible (éste y otros documentos relacionados con la alimentación y la sostenibilidad pueden ser descargados en la sección de Documentos de esta página web).

 

De manera general, lo recomendado para reducir el impacto de nuestra actividad sobre el planeta, tal y como hacemos cuando consumimos un bien o un recurso como el agua, es seguir, siempre que sea posible, la regla de las “3 R”, es decir, Reducir, Reutilizar y Reciclar. Esta regla propuesta para cualquier producto, en el caso de los alimentos, permite introducir una cuarta “R”, la Redistribución.

 

La concienciación sobre la necesidad de prevenir y reducir la cantidad de alimentos que se desperdician es una tarea conjunta de toda la sociedad. Todos debemos ser conscientes de que con pequeños actos como planificar nuestro menú semanal, hacer una lista de la compra o pedir que nos pongan en una fiambrera las sobras en el restaurante, ayudamos a operar este cambio de hábitos y, por último, debemos tener como lema que “el mejor residuo es el que no se genera”.

 

Ángel Manuel Caracuel García
Veterinario Bromatólogo en la Unidad de Gestión Clínica de Endocrinología y Nutrición del Hospital Regional Universitario de Málaga
@bromatologoXXI

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